Después de aquel Indec kirchnerista con los números manipulados de Guillermo Moreno, las estadísticas oficiales nunca recuperaron su credibilidad. Por estos días, una encuesta de 2500 casos a nivel nacional arroja que el 58,7 por ciento de los consultados, o sea, casi seis de cada diez personas, desconfían del número que el Gobierno hace público sobre la inflación. En septiembre, la cifra trepó a 2,9 por ciento, un guarismo que las góndolas del supermercado desmienten con facilidad.
Según el mismo trabajo de la consultora Giacobbe & Asociados, el 19 por ciento cree que el número del Indec es el real, en tanto que el 2,4 responde que en realidad la inflación es aun menor a la que se publica. El 19,6 contesta que no sabe.
La encuesta también interroga sobre los atributos que los consultados más valoran en un gobernante, y los dos que salen ganando guardan estrecha relación con el problema inflacionario y la adulteración de estadísticas. El 39,8 por ciento responde que lo que más le importa en un político es la capacidad de gestión, y el 26,3 elige la honradez.

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