Desde Villa Marina y hasta Ushuaia, la ruta nacional N 3 se vuelve una doble línea amarilla que de a ratos parece infinita. Como si el trazado estuviera perfectamente pensado para ir a una velocidad determinada, no solo por cuestiones de seguridad, sino para darnos la chance de mirar hacia los costados, para no perdernos nada.
Bosques, lagos, cascadas, cursos de agua en sus más diversas formas y tamaños. Flora y fauna nativa que invita a redescubrirla tierra que uno habita.
Porque no es fácil ser turista en el mismo lugar donde uno vive. Resulta complicado despegarse de las obligaciones cotidianas y dejar de relacionar los espacios con las tareas de la vida diaria. Pero se puede. Y no solo se puede, vale absolutamente la pena.
En el emblemático puerto de Ushuaia están meciéndose al ritmo del canal, los catamaranes que te llevan a reconocer espacios que son propios, pero que muchas veces nos resultan ajenos.
Durante los últimos días del tormentoso 2020, Las empresas Canoero, Rumbo Sur y Tolkeyen se unieron para realizar salidas en catamarán. La propuesta de las firmas incluye precios promocionales para residentes de Tierra del Fuego y la alternativa de conocer la slas de los lobos, la isla de los pájaros, el faro Les Éclaireus y la pingüinera ubicada en la isla Martillo.
“Después de nueve meses parados y gracias a la ayuda del gobierno para llevar adelante la empresa, llegamos al 15 de diciembre donde nos pusimos de acuerdo con Tolkeyen, Rumbo Sur y Canoeros para hacer una salida con un solo catamarán”, explicó Moreno Preto, responsable de la firma Canoero.
Antes de subir a la embarcación, trabajadores de la empresa registran la temperatura corporal de cada pasajero. Una vez arriba del catamarán, los pasajeros encontrarán una cabina sanitizante para las manos que podrán usar libremente durante todo lo que dure la travesía.
Rumbo a las atracciones naturales que ofrece el canal Beagle, la guía repetirá una incontable cantidad de veces, que las personas deberán mantener “correctamente puesto el barbijo o tapabocas” dentro y fuera de la nave.
La visita es inolvidable. Los cormoranes imperiales vuelan, nadan, pescan y extienden poderosamente sus largas alas para secarse al sol mientras desconocen la visita de los intrusos. Vale la pena mencionar que mientras la embarcación está cerca del hábitat de la fauna autóctona, se evita el uso de micrófonos y parlantes para evitar molestar a los habitantes naturales de los islotes.
El avistaje de los lobos marinos resulta simpático. Duermen apaciblemente con el arrullo del viento frío que visita el canal y se acomodan esperando a los próximos curiosos.
El faro Les Éclaireus es tal vez el punto que más videos y fotos se lleva. Resulta curioso que una estructura de más de 100 años siga funcionando sin sobresaltos, a pesar de convivir a la intemperie con la interminable sucesión de climas que ofrece la zona.
En la isla Martillo, pingüinos Magallánicos y Papúa conviven en un espacio libre de intrusos. Machos y hembras empollan alternadamente sus huevos y crían sus pichones que se convierten en expertos nadadores casi de inmediato.
Las orillas del canal regalan vistas únicas y hacen llenar la agenda de nuevos lugares para visitar pronto. La provincia tiene un enorme caudal de recursos naturales que son tesoros interminables de los que somos todos, un poco, los dueños.
Aprovechar el domicilio del DNI y acceder a tarifas especiales para residentes es un plan que, si existen las posibilidades, no se debe dejar pasar. Tierra del Fuego ofrece al fin, naturaleza.

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