Tierra del Fuego.- Una y otra vez sale a reflotar el tema de Venezuela. Si existen o no existen violaciones a los derechos humanos. Si existe o no existe intervencionismo. Si es o no es una dictadura. Todo muy lindo o muy feo. Pero la verdad que en la Argentina existen sobrados problemas de magnitud para poner sobre la mesa como una discusión central el tema de Venezuela. Imaginemos por un momento que en vez de países, se tratare de personas. En estos momentos Venezuela sería como un acusado de homicidio que se encuentra en el banquillo de acusados con sobradas pruebas en su contra y la Argentina se debate si debe ejercer la función de abogado defensor o bien abandonar el caso. Y, pensándolo bien, Argentina tiene demasiado trabajo: pandemia, pobreza, desocupación, devaluación, cepo, para encima estar debatiéndose si toma el caso Venezuela para defenderlo o no. Los kirchneristas duros estallaron por los aires cuando el embajador argentino decidió apoyar las numerosas denuncias de Michel Bachelet en contra del régimen de Maduro, aunque previamente el embajador argentino ante la OEA, Carlos Raimundi, había dicho que juzgar a Venezuela por violación a los derechos humanos era una visión sesgada. Ahora, ante el cambio de postura, el Chavismo salió a criticar a la Argentina y Alberto Fernández dijo que se iba a comunicar con Maduro para explicarle la situación. Las madres de Plaza Mayo gritaron que era una vergüenza la nueva decisión tomada por Argentina y Alicia Castro, embajadora en Rusia, renunció a su cargo a raíz del asunto Venezuela. Todo esto es en serio? Tanto revuelo por Venezuela? Qué hay en ese país que tanto nos interesa mantener una relación fraternal?
Mientras tanto en la Argentina aumenta la pobreza, la indigencia, la deserción escolar, pero, sin embargo, estamos preocupados por Venezuela. Vermut con papas fritas y good show!

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