Con el precio de la soja en alza y tasas de interés globales que rondan el cero, hay una oportunidad. La política local tiene la palabra.
“Con la vacuna, el mundo brinda otra oportunidad”, es uno de los apartados del último informe de la consultora Eco Go con proyecciones para 2021, que pone el foco en la negociación del Gobierno con el Fondo Monetario Internacional.
Después de un año para el olvido, dice: la soja vale US$470, US$150 más que un año atrás, el valor del dólar en Brasil se ubica en R$5,17, casi R$1 menos que en mayo pasado, los bonos “basura” en EE.UU. rinden 4,3% anual y el EMBI (spread que pagan los países emergentes por sobre la tasa libre de riesgo) se derrumbó por debajo de 330 puntos básicos, con una tasa de los bonos a 10 años en EE.UU. que se ubica en 0,92% anual. Y agrega: “Mientras tanto, la tasa de interés de la deuda recién reestructurada y casi sin vencimientos de dólares en el mercado en los próximos dos años, rinde 16% en los tramos más cortos y 14% anual en los más largos, con paridades de los bonos en la zona de los US$37”.
En otras palabras, “el viento a favor” volvió a soplar para los países emergentes y una clave está en si la Argentina lo podrá aprovechar.
Por ahora, no lo logra, a pesar de haber conseguido una buena refinanciación de la deuda privada y de que su principales productos de exportación, la soja y sus derivados, tienen un precio alto en el mercado internacional.
El dato evidente de estar desaprovechando el buen contexto mundial, a pesar y como consecuencia de la pandemia, es la debilidad de los precios de los bonos y, por consiguiente, la elevada tasa de interés que debería pagar para conseguir fondos en el exterior, una posibilidad vedada de hecho por los mercados.
En un mundo de tasa de interés gratis (hubo semanas en que España, por ejemplo, tuvo tasa negativa), la Argentina ofrece 16% anual en bonos sin riesgo de default de corto plazo, pero los inversores no los compran. El costo de la desconfianza es elevadísimo y lo paga el conjunto de la economía.
El Gobierno se propone bajar el costo del crédito externo negociando un acuerdo con el FMI que entrará en etapa de definición en los próximos 90 días.
La negociación incluye en parte lo tradicional, que es un ajuste fiscal que el ministro de Economía, Martín Guzmán, viene hilvanando en los últimos meses.
Dice el informe del estudio de Marina Dal Poggetto, Federico Furiase y Martín Vauthier: “No se pagó un cuarto IFE, el gasto de ATP en noviembre fue un tercio del de mayo y se avisó que se desactivaba el programa”.
Además, mejoró la recaudación por la normalización de la actividad económica y así el déficit fiscal “aún con el salto de diciembre, se ubicaría en torno de 6,5% del PBI, con una deuda flotante en pesos que es similar a la que dejó 2019”.
Cabe recordar que en el Presupuesto enviado al Congreso, el déficit era de 8,3% del PBI este año y bajaba a 4,5% en el próximo.
El ajuste de cuentas se complementa con el desenganche de la inflación de las jubilaciones a partir de la nueva fórmula que votó el Congreso, que pone un tope a los aumentos en función de la recaudación de la Anses.
Por esa vía los números se alinean con la preparación de un escenario para negociar con el FMI, pero la definición política de la vicepresidenta, Cristina Kirchner, sobre que las tarifas de luz, gas y transporte, los salarios y las jubilaciones suban este año con la inflación abrió un margen de duda importante sobre lo que hará Guzmán.
La vicepresidenta marcó el nuevo rumbo diciendo que ella mantuvo alineadas aquellas variables durante doce años con lo que cabe esperar que el ministro de Economía tome nota rápidamente.
Una de las dudas del nuevo escenario es cómo responderán los mercados después de un diciembre en el que el Banco Central consiguió aumentar en US$600 millones sus reservas y el dólar blue solo tuvo una leve suba en los últimos dias.
Con el posible acuerdo con el FMI entrando en etapa de definiciones, la relación inversa entre el precio de los bonos y el dólar marginal ($166) jugará un partido especial en un verano inédito por la evolución de la pandemia y las consecuencias de la cuña por el año electoral que introdujo Cristina Kichner en el balizamiento de las variables económicas que había bosquejado Guzmán.

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