Río Grande.- El exdiputado Martin Pérez, se abrazó con sus allegados y elevó los brazos al cielo cuando la victoria electoral contra Analia Cubino era un hecho consumado. Esa noche festejó. Su equipo lo felicitaba. No era para menos, Martín siempre había añorado la intendencia de Río Grande. Se podría decir que era un sueño hecho realidad. Sin embargo, la realidad se hizo presente. Llegó el momento de asumir el cargo y ponerse manos a la obra. La gestión del nuevo intendente en los primeros meses sobresalió apenas en el área de cultura comandada por Carlos Gómez: algunos conciertos de música clásica, tangos y músicos provenientes de Buenos Aires, actividades culturales en el skate park, entre otras cosas. Nada de obras, nada de política ambiental, ni proyectos concretos. Solo maquillaje. Para más llegó la pandemia y el intendente brilló por su ausencia sumado a que las actividades culturales debieron cortarse. Pérez solo salió a hacer declaraciones en contra de la apertura del aeropuerto de Río Grande que tenía por fin traer a vecinos varados en Buenos Aires y, luego, junto a Vuoto, se expresaron para que el Ejecutivo enviara los fondos coparticpables que, a esa altura, ya había enviado 2.500 millones a ambos municipios.
A la poca gestión del intendente se le suma el hecho negro de dos ex empleados que denunciaron cómo se apretaba a los Comerciantes para que estos pagaran los impuestos en medio de la pandemia y el corte de suministro de agua en la margen sur durante esta era polar que nos toca atravesar. En cuanto a lo pro-activo, inauguró el anexo de Mamá Margarita. Sin embargo poco y nada en 7 meses de gestión.
Esperemos que el joven intendente ponga de una buena vez por todas primera y comience a gestionar cómo la ciudad de Río Grande se lo merece o, al menos, que transmita los proyectos que tiene en mente.

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