Tierra del Fuego.- Llegó la apertura de las sesiones ordinarias de los concejos deliberantes de Ushuaia y Río Grande y ambos intendentes camporistas hicieron foco en la pandemia con el fin de justificar las políticas de gobierno que se tuvieron que llevar a cabo. En este caso vamos a centrarnos en el intendente de Río Grande ya que la editorial de ayer correspondió a Walter Vuoto. Martin Pérez afirmó que Río Grande atravesó la peor adversidad de toda su historia para así justificar lo poco y nada que hizo hasta el momento su gestión. Es decir que para Martin Pérez fue peor el año pasado, donde incluso él comenzó a construir su mansión en Altos de la Estancia durante la cuarentena, que 1982 donde Río Grande convivió codo a codo con la guerra de Malvinas y donde los habitantes debían participar en simulacros de guerra: apagar la luces durante la noche, si sonaba la sirena de emergencia los chicos debían colocarse bajo el pupitre y convivir con los aviones de guerra que iban y venían zumbando en el aire. A ello hay que agregarle que las temperaturas bajo cero eran más cruentas que ahora sin contar con todas las facilidades de vida que existen en la actualidad. Por lo tanto, para Martin Pérez 1982 fue más fácil de digerir que el 2020. Ello, para justificar su poca capacidad de gestión. Fíjense que previo al pico de casos en Río Grande, la ciudadanía estuvo dos meses encerrada esperando que tanto el municipio como el gobierno adopten el sistema de salud y, cuando los casos explotaron, recién entonces el intendente de Río Grande salió corriendo con la lengua afuera para acondicionar un asilo para el seguimiento de casos leves que, incluso, dejaba mucho desear.
Hay que dejar de escudarse en la pandemia porque la gente observa todo.

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