Ya lo dijo Discépolo y su cambalache,
nada más que ahora estamos peor que antes.
Entre tetas en el Congreso sumado a la Sarasa, ya no queda esperanza de nada.
El siglo veinte era una despliegue de maldad insolente, pero el siglo veintiuno aquí nos tiene: sin instituciones, sin moral y nadie digno que nos gobierne.
El dólar y la inflación trepan por las nubes con todos los gobiernos sufrimos las mismas calamidades, pero nadie encuentra el remedio ni la cura a semejante locura.
Muchos planean irse de aquí, otros ni siquiera saben para dónde ir, encima hay una pandemia hundiendo al país.
Tuvimos presidentes y vices encarcelados, políticos repletos de dólares y cuentas off shore, y nosotros sin dos pesos en el pantalón.
Este país ya ni lo podemos atar con alambre, desperdiciamos nuestra riquezas naturales y, así, eligen cagarnos de hambre.
Entretanto los fanáticos se pelean, dicen que no es tan grave chupar una teta, que Bullrich se escondía tras de escena, que Cambiemos espió el San Juan y de paso le pegan a Larreta.
Macri busca salir a flote, pero ya nadie quiere subirse a su bote.
Para colmo, no tenemos un Messi ni tampoco un Maradona que nos saque de este mar de derrotas, ni siquiera hay un político que entona.
Ya ni siquiera el milagro nos acompaña, algo, alguien que pare toda esta locura y diga BASTA.

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