Tierra del Fuego.- Dicen que una mujer, capaz de avizorar el futuro, tuvo la clarividencia de viajar a la Argentina del 2049. Cuando regresó del estado de trance, dijo: “Hay que reclamar, no cansarse nunca de reclamar, así lograremos la mejor de las democracias”. La señora contó que el pueblo argentino harto de girar siempre en la misma espiral descendente, cansado de estar atado al dólar, a la inflación, a la corrupción y, en si, a la desidia, decidió patear el tablero y reclamar. Reclamar constitucionalmente. Así, contó que el pueblo se organizaba constantemente en Plaza de Mayo (aquí en Tierra del Fuego lo hacían en la Plaza Almirante Brown en Río Grande o bien frente a la casa de gobierno de Ushuaia), y proponían todos los meses iniciativas populares, leyes que salían del pueblo para el pueblo. Miles de personas todos los primeros viernes de cada mes se reunían para reclamar y proponer nuevas medidas de gobierno. Al principio, los gobiernos le restaron importancia, pero luego, fue cada vez más significante la concurrencia que asistía a las plazas que a los gobiernos no le quedó otra que prestar atención. El fanatismo y la grieta de tiempo atrás quedó en el olvido y, todos juntos, remaban para adelante. La primera medida que tomó el pueblo fue ponerle un tope al precio de la carne, ya que en el país de las vacas era precisamente una locura que la gente no tuviera acceso a esa fuente de proteína. Así también, se organizaban patrullajes a las grandes cadenas de supermercados para evitar la suba indiscriminada de alimentos básicos. Ese patrullaje lo hacía el pueblo y no así el estado . Luego, el pueblo fue tomando valor y se inclinó por la obligatoriedad de que cada municipio cuente con su planta recicladora, ello le daba trabajo a muchas personas que, a su vez, con los residuos reciclados generaban materia prima como ser ladrillos de construcción, compostaje, relleno urbanizarles e incluso electricidad. Más tarde, se tomó aún más valor para acondicionar los colegios y hospitalles con tecnología de punta, además se propuso que los sueldos que cobraban los diputados y senadores, ahora los cobraran los médicos y maestros. Finalmente, la ciudadanía se encargó de hacer valer los recursos naturales de cada provincia: gas, pesca, turismo, ganado bovino, ovino, porcino, petróleo, maíz, soja, frutos, energías renovables.
Tanto el estado nacional como el provincial, contaban con una parte de producción propia de cultivo y ganado para los sectores más vulnerables.
La mujer, de pronto, se desvaneció cuando estaba por llegar al final del relato. Todavía no despierta. De todas formas, estoy esperanzado sólo faltan 28 años para empezar a pegar el gran salto.

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