Tierra del Fuego.- La Cenicienta es aquel cuento infantil que refleja la vida de una pobre joven encerrada en la casa de su madrastra destina a limpiar la vivienda, en especial, la chimenea. De ahí, su nombre cenicienta debido a que siempre estaba cubierta de cenizas. Un día, el rey de la comarca invitó a todas las mujeres jóvenes a un baile para encontrarle esposa a su hijo el príncipe. Sin embargo, Cenicienta no podía asistir por no tener vestido ni zapatos ni nada. Entonces el milagro sucedió: un hada madrina apareció y le concedió su tan preciado deseo: un vestido nuevo, zapatos y hasta un carruaje que la llevara al baile, pero antes de que Cenicienta partiera la hada le aclaró: “antes de las 12 el hechizo desaparecerá, Cenicienta”. Nuestra protagonista logró su cometido. El príncipe la eligió para bailar toda la noche, se enamoró de ella, pese a que Cenicienta escapara antes de las 12 para evitar que el Príncipe viera su realidad. Sin embargo Cenicienta en su huida perdió un zapato que quedó en manos del Príncipe quien luego se empecinó en buscar por toda la aldea a quien le encajara a la perfección el zapato para volver a encontrase con su amada, cuestión que finalmente logró y, así, vivieron felices y comieron perdices.
El cuento sirve para describir en un punto la realidad que se avecina, en especial, para los jóvenes. Es inminente que el hechizo de la felicidad acabe pronto para todos los jóvenes que desean divertirse como nuestra Cenicienta. Esa felicidad durará hasta las 12 de la noche cuando la autoridad anuncie el toque de queda y nadie pueda deambular por las calles. Sin embargo, habría que preguntarse cómo harán para evitar que esos jóvenes no se agrupen en las playas o espacios públicos durante el día como así sucede en la costa Atlántica. Claro ejemplo es Pinamar donde la policía tuvo que intervenir para disipar el mar de gente que había en la playa, todos ellos montados con heladeras y refrigerios como si fuese un boliche a plena luz del día. La consecuencia: el aumento considerable de casos. Por eso, los jóvenes por más que haya toque de queda, aprovecharán el hechizo de felicidad que dura hasta las 12 de la noche para sacarle jugo a la libertad. Y, de hacerse las 12, no se conformarán como la Cenicienta en escapar hacia su calabaza, sino que buscarán otros subterfugios de libertad.

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