Tierra del Fuego.- La pandemia es algo nuevo. Por lo tanto, nadie sabe bien cómo manejarse. Ni siquiera los más reconocidos infectólogos saben a ciencia cierta de qué va la cosa. Con decirles que hasta el propio presidente de la nación en los primeros días de incertidumbre dijo que había que tomar infusiones calientes porque ello contrarrestaba al virus es decir demasiado. Trump se automedicaba con hirdocloriquina que, luego, se dijo que no era aconsejable. Para Bolsonaro se trataba de una fiebreziña. Incluso, fue el propio ministro de salud Ginés García quien subestimó a la pandemia diciendo que iba a tardar en llegar a la Argentina. A los pocos días ya teníamos los primeros infectados. Sin embargo, el mundo sigue andando y, entre esa incertidumbre, no hay que dejar que las ruedas del engranaje se oxiden. Por lo tanto, en las provincias que se encuentran en fase 5 como Tierra del Fuego, desde hace tiempo atrás, que se activaron los protocolos para reactivar distintas actividades. Pero, volvemos al punto, que nadie sabe demasiado sobre el asunto. Para más, son los propios interesados quienes deben formular un protocolo para luego ser aprobado o no por el COE. Es decir que el hotelero, el mecánico, el transportista, los mariachis, entre otros, deben formular su propio protocolo. En síntesis, todos ellos se reducen a tres cuestiones básicas: respetar la distancia social, usar tapa bocas y poner a disposición alcohol en gel. Pese a ello, hacer un protocolo es un arte. A los constructores, por ejemplo, les exigen obradores más grandes porque allí descansan los obreros, entonces, deben reformular obradores para que haya distancia social entre los propios trabajadores, aunque el asado de obra esté garantizado. En los negocios de ropa no se permiten probar prendas, supuestamente, por el manoseo de las mismas, aunque no se sabe muy bien si esto es así y algunos lugares permiten la prueba y otros no. Capacidad máxima 5 personas en los locales según los metros cuadrados existente y si nos ponemos a contar siempre el número es en exceso: se entiende, ningún comerciante si quiere vender le va a decir a su cliente espere afuera que hacen 12 grados bajo cero. Algunos lo hacen, otros no. En los gimnasios hay que asistir con otro par de calzado, toalla personalizada y limpiar los instrumentos entre ejercicio y ejercicio, pero eso sí, todos transpiramos al unísono. El dentista te da una cofia, camisolín y protectores para los pies, pero después se sumerge en tu boca como buceador experimentado. Los gastronómicos tiene un lío bárbaro con el asunto de manteles y servilletas, las turneras de los profesionales médicos bajaron a la mitad porque los turnos deben darse cada media hora. Todos sufrimos el nuevo arte del protocolo, pero también algo bueno rescatamos: de tanto usar alcohol en gel sumado al tapa bocas y, en mayor o menor medida, a la distancia social, han disminuido las enfermedades infecciosas. Es más, si uno observa los partes diarios del ministerio de salud, da cuenta que en toda la provincia los casos sospechosos no llegan a 20 por día. Es decir, gente que se enferma de gripe corriente o que levanta un poco de fiebre y es testeada por las dudas, luego, el supuesto caso de coronavirus se descarta y así ya logramos 30 días sin contagios en la provincia.
En definitiva el arte del protocolo será el nuevo mundo que deberemos afrontar hasta tanto no tengamos vacunas a la vista.

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