Un millón y medio de estudiantes en la Argentina perdieron ya el vínculo con la escuela. Eso es una tragedia educativa que va a ser el saldo de nuestro país cuando hagamos las cuentas y realicemos nuestras propias pruebas Aprender y no las de 2019, que daban que el 72% terminaba la secundaria sin conocimiento de matemática.
Hablo de las pruebas Aprender de lo que no aprendimos del Covid. Hablo de Argentinos por la Educación, quienes hicieron un estudio que les dio que la salud emocional de los chicos es la prioridad y lo que más los desvela respecto de la vuelta a los colegios. Hablo de Ángela Merkel, que muchas veces la cita el propio Gobierno nacional y que dijo que, si algo aprendieron de la primera ola de contagios del coronavirus, es que “tienen que mantener las escuelas y las guarderías abiertas”. En Europa no abrieron los casinos primero. Hubo prioridad para volver a las clases.
En el mundo también hay otras evidencias que a veces no queremos ver para marearnos con el sinfín de palabras de las declaraciones de cabotaje. La educación claramente debe ser un servicio esencial. Procrastinar la solución llevó a que la Argentina se haya quedado sin clases desde el 15 de marzo. ¿Y qué se hizo en estos ocho meses para preparar los protocolos de regreso? No hablo de las escuelas privadas que tienen la ventaja de tener otro poder adquisitivo, una cuestión más desigual en un Gobierno que plantea la igualdad.
Esto decía el ministro de Educación de la Nación, Nicolás Trotta, hace un tiempo en Mesa Chica: “Tenemos que asumir ese desafío de que la brecha no se extienda en este momento. Si son dos semanas, o un mes, el tiempo que sea, podamos lograr que los que empiezan primer grado empiecen a transitar los primeros pasos en la lectura y escritura”. Dos semanas, mes y medio. Pasaron más de ocho meses. El año se perdió. El año no vuelve. La educación no vuelve. La sociabilización no vuelve.
¿Quién acondicionó las escuelas durante este tiempo? No estoy hablando de los maestros ni de las maestras, que se rompieron el lomo durante este período para tratar de actualizar la manera en la cual contactaban a los chicos y los educaban. Me refiero al sistema educativo que no acondicionó las escuelas, no planificó ni ayudó concretamente a esa vuelta. Los gremios se peleaban por la vacuna, en lugar de ver cómo se podía solucionar el regreso a las clases para infinidad de familias que lo necesitan.
Hay otra realidad de la que se habla muy poco y es fundamental que tengas en cuenta en esta tragedia educativa de la Argentina. Durante este período, en el cual se planteaban algunas dicotomías totalmente inverosímiles como salud o economía, o también se puede meter que la educación podía oponerse a defender a la salud, en esa avenida del medio, muchas escuelas privadas tuvieron lo peor de los tres mundos. Lo peor de la pandemia porque no pudieron educar; lo peor de la economía porque se fundieron; y lo peor de la educación porque no tuvieron la posibilidad de conectar con infinidad de alumnos.
El 70% de los colegios de la provincia de Buenos Aires ya admitió que planea cierres totales o parciales. ¿Se planificó desde el Gobierno quién va a absorber a los chicos que dejan de pagar esa cuota en el sector privado y cuál es la capacidad que tiene la escuela pública para absorberlos? ¿Se planificó en el Gobierno cuál es la posibilidad con la cantidad de jardines maternales que han cerrado durante el último período? ¿Cómo van a cubrir esa situación cuando el mundo vuelva a ser el que supimos tener?
En Europa, con la segunda ola, hubo restricciones, pero las escuelas siguieron abiertas. Solo hubo dos excepciones por pocas semanas en Bélgica y Alemania, que ni bien las cerraron dijeron que lo antes posible iban a reabrirlas.
Trotta le respondió a Acuña, le exigió un pedido de disculpas, le dijo que era “injusta e incoherente”, entre otras cosas. ¿Por qué no vamos al debate de fondo? ¿Cuál es la Argentina que queremos? Te repito una frase que lamentablemente la dijimos hace cinco meses: ¿Es la Argentina de las escuelas cerradas y los casinos abiertos? ¿A quién querés educar así?

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