Dos docenas de fiscales y jueces de cuatro instancias investigaron, juzgaron y lo condenaron por corrupción en el caso Ciccone, y le impusieron una pena de cinco años y diez meses de prisión. Pero el ex vicepresidente Amado Boudou lleva una vida más parecida a la de un jeque árabe que a la de un reo: mientras espera el resultado de la última apelación para evitar la última -y enésima- confirmación de que su condena firme debe ser cumplida en una cárcel- Boudou vive en una suntuosa casa ubicada en el corazón de Quinta Galli, el barrio más coqueto de Avellaneda.
Con cuatro pisos conectados por un ascensor, un parque vestido con añosas palmeras que rodean una gran pileta a metros del quincho para disfrutar de la parrilla, la propiedad estuvo en venta mucho tiempo por la inmobiliaria Alvarez, donde se ofrecen la mayoría de las casas de Quinta Galli.
La silenciosa llegada de la familia Boudou -Amado, su esposa mexicana y sus dos pequeños mellizos- revolucionó el barrio, que pese a su estratégica ubicación a pocas cuadras del centro de Avellaneda está conformado por varias manzanas de casas bajas construidas en lotes grandes, divididos del predio en el que hace más de un siglo estaba la “quinta” de la familia Galli.
Hoy viven allí familias trabajadoras, conectadas por lazos de camaradería pero también por el pánico que entre ellos sembró la inseguridad: sin comercios ni fábricas, el silencio y la molicie del barrio sólo son interrumpidos por las corridas de ladrones y motochorros: varios de los vecinos comparten un grupo de WhatsApp para denunciar movimientos extraños, avisarse entre ellos cuando uno entra o sale de su casa y compartir noticias de interés.
Tal como notificaron en los medios con dos de esos vecinos, el grupo se puso en llamas tras la llegada del ex vicepresidente el 23 de septiembre del año pasado, cuando dejó su vivienda en el barrio porteño de Barracas para mudarse un poco más al sur. “Cuando nos enteramos que se había instalado en una de las casas más lujosas del barrio, que estuvo desocupada mucho tiempo, algunos vecinos quisieron organizar un escrache”, cuenta a este diario una mujer que vive en esa misma cuadra. “Yo no lo compartí, no me parece, pero todos estamos muy descontentos de que esté acá. Además, hay mucha bronca porque todos creemos que el alquiler y los gastos los paga la municipalidad de Avellaneda”.
Aunque la fachada de ladrillos pintados de blanco y terminaciones de madera en ventanas y balcones es sobria, la mansión de la calle Elizalde 77 -entre Avenida Mitre y Dorrego- tiene cinco dormitorios distribuidos en cuatro pisos, varios ambientes organizados como livings y play room, y baños en todas las plantas y el espacioso jardín con pileta y quincho que filmó la periodista Mercedes Ninci.
Clarín no pudo confirmar la sospecha de los vecinos de Quinta Galli respecto al rol de la municipalidad de Avellaneda -conducida hasta hace dos meses por el ultracristinista intendente Jorge Ferraresi, ahora ministro de Desarrollo Territorial y Hábitat-, pero tampoco desmentirla. Ferraresi también es un vecino ocasional de Quinta Galli, “sobre todo en los meses previos a las elecciones, cuando viene a su casa y lo vemos ir caminando hasta la municipalidad. El resto del año vive en Puerto Madero”, explica otro de los vecinos de la calle Dorrego.
Abril de 2020: Amado Boudou es liberado del Penal de Ezeiza Foto Juano Tesone
“La casa estuvo en venta un montón de tiempo, y acá todos creemos que la compró o la alquiló el municipio”, coinciden en el barrio. Sin embargo, los fiscales que supervisan la detención domiciliaria del ex vice fueron informados de que “el grupo familiar cuenta con ingresos económicos provenientes del alquiler de un departamento de Boudou, del alquiler de un departamento de la señora García de la Fuente en México, del sueldo de la nombrada como asesora en la Cámara de Senadores, de la pensión que recibe Boudou como ex vicepresidente de la Nación, ahorros, apoyo económico de familiares y compañeros de la política”.
Amado Boudou fue condenado en 2018 por cohecho pasivo y negociaciones incompatibles con la función pública. Un año después, la Cámara de Casación confirmó esa sentencia. Y hace un mes, la Corte rechazó la queja de sus abogados para que el máximo tribunal revierta aquella suerte. EL juez de ejecución de la sentencia, Daniel Obligado, tardó cuatro semanas en admitir que el ex vice debe volver a la cárcel: él mismo había firmado la extraña resolución que en abril sacó a Boudou del penal de Ezeiza aunque su salud era de hierro ante la amenaza del coronavirus: ¿la excusa? Que la esposa del reo tenía a su familia lejos, y le resultaba difícil cuidar de sus hijos.
“Acá no hay custodia, ni nada. Algunas veces lo vimos salir a Boudou en bicicleta, medio desarreglado, de entrecasa. Tiene una empleada doméstica que saca la basura todas las tardes. Pero nadie jamás diría que está preso”, coinciden todos sus vecinos.

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